La Decisión que Cambió mi Vida y aún Camina Conmigo

Hay decisiones que no se toman con la cabeza.

Se toman con el corazón.

La mejor decisión de mi vida fue entregarme al béisbol por completo.

No como un pasatiempo.

Como una misión.

Mientras otros vivían su niñez y juventud entre fiestas y descanso, yo vivía en un play: entrenando, cayéndome, levantándome y soñando sin garantías. No sabía si algún día lo lograría, pero sí sabía algo: estaba dispuesto a pagar el precio.

El sueño de firmar

Mi primer sueño no era el dinero.

Era firmar.

A los 16 años estuve cerca de un contrato de 2.9 millones de dólares. Ese acuerdo se cayó. En ese momento dolió. Mucho. Hoy lo entiendo: no tenía las cláusulas que realmente iban a cambiar el rumbo de mi vida.

Dos años después firmé con los Bravos de Atlanta por 1.6 millones de dólares, pero esta vez con algo distinto:

Una cláusula de $100,000 dólares para estudiar en cualquier universidad del mundo.

Esa cláusula no estuvo en el primer contrato.

Esta vez la pedí yo.

Sin saberlo, estaba sembrando mi verdadero futuro.

No llegué a Grandes Ligas, pero llegué a mi propósito

Mi segunda meta era jugar en Grandes Ligas.

Ahí el ego, la presión, las malas influencias y la falsa sensación de “ya llegué” me desviaron. No lo logré.

Pero entendí algo fundamental:

mi historia no terminó ahí.

Había algo más grande que MLB esperándome:

👉🏽 ser guía, ejemplo y referencia para la próxima generación.

La educación como legado

Después de años exigiendo lo que estaba firmado, los Bravos de Atlanta anunciaron que cumplirán el acuerdo educativo con un patrocinio de $77,500 dólares para mis estudios.

Hoy puedo decir con orgullo:

  • Finalicé ESL (Inglés académico)

  • Completé mi primer semestre de college level

  • Voy rumbo a terminar mi Associate Degree

  • Luego mi Bachelor Degree en Finanzas en Rutgers University

  • Y con la mirada puesta en el Juris Doctor (JD) en Harvard

No fue suerte.

Fue paciencia, insistencia y fe.

Agradecimientos (parte fundamental de esta historia)

Nada de esto hubiera sido posible sin personas que, en distintos momentos, creyeron en mí, me apoyaron, me orientaron o caminaron a mi lado.

Agradezco profundamente a:

  • Dios, por ser siempre el factor número uno

  • Mi familia, por su apoyo incondicional en cada etapa

  • Personas que me formaron en el béisbol, dentro y fuera del terreno

  • Educadores, mentores y orientadores académicos

  • Personas que me empujaron a exigir lo que estaba firmado

  • Quienes creyeron en mí cuando yo mismo dudé

  • Y también a quienes me fallaron, porque me obligaron a crecer

Este blog también es para ustedes:

Un mensaje final

Si esta historia ayuda a un joven atleta, a un estudiante o a un soñador a tomar una mejor decisión, entonces todo valió la pena.

El sueño no murió.

Evolucionó.

— Edward Salcedo

Founder | Morocho Magna

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